Opinión - Dra. Mabel Vega

Desarrollo eléctrico sustentable: Desafíos que persisten

Mabel Vega Coloma, Doctora en Energía, Universidad de Concepción, Magíster en Gestión Integrada, Ingeniera Civil Química.


Durante la última década hemos sido testigos de grandes cambios en la matriz eléctrica nacional, impulsados por la incorporación masiva de fuentes renovables. Este giro ha estado precipitado por dos factores: el descenso en el precio de las tecnologías eólicas y solares fotovoltaicas (FV), principalmente, y la necesidad país de reducir nuestra dependencia de combustibles fósiles, recortando nuestro aporte al cambio climático, entre otros. En efecto, entre 2013 y 2023 la participación de las centrales eólicas pasó de un 1% a un 12%, la de solares FV de un 0% a un 20%, la de biomasa conservaron su 3% durante el período, sin embargo, amplificaron su efecto si se considera el incremento de un 22.5% de la generación eléctrica nacional. 

Si bien este giro ha logrado un acercamiento mayor a la “carbono-neutralidad”, quedan otros desafíos que se encadenan a este cambio. En particular, y sólo con el propósito de mirar un factor ambiental más, la demanda de agua de estas centrales renovables está escasamente abordado en los análisis pro carbono neutralidad. El uso de agua a lo largo de todo el ciclo de vida de estas centrales, no se ha estudiado de manera sistemática en el país tal que nos permita tener un juicio fundado de su rol. A priori, todos los argumentos benéficos de estas centrales se remiten a las emisiones de gases con efecto invernadero, desconociendo su impacto en el uso sitio-específico del agua. Adicionalmente, este factor ambiental se torna más crítico a la luz de la actual situación de escasez hídrica que agobia a gran parte del país.

Ejemplo de lo anterior es la necesidad de agua en la operación de las centrales FV que se hace crítica debido a la escasa disponibilidad del recurso en el norte del país. Para que las centrales operen adecuadamente es necesario limpiar los paneles regularmente, lo que implica un uso significativo de agua, dado que a la fecha no hay alguna alternativa más costo-efectiva. Por otro lado, si consideramos la voluntad política de proyectar a Chile como exportador de energía a través del hidrógeno “verde” (producido a partir de electricidad de centrales FV), nos preguntamos qué tan verde podría resultar éste, si por mitigar un impacto global estamos asumiendo el costo de un impacto local, en una zona geográfica ya privada del recurso más básico para la vida. Adicionalmente, iniciativas como la electromovilidad ponen aún más presión sobre el recurso de manera indirecta, pero que aún no se visibilizan.

Por esta razón es que proyectos de investigación que permitan plantearse problemas como éstos con mayor profundidad, no son sólo necesarios para dar la relevancia contextual pertinente, sino que una obligación país, para efectivamente acercarnos a un desarrollo más sustentable. De otra manera, problemas que se enraízan debajo de soluciones aparentemente rutilantes nos van a seguir abriendo desafíos que persisten.