Opinión

Eficiencia y productividad en tiempos de incertidumbre global

Charles Kimber 

Gerente Corporativo de Personas y Sustentabilidad

ARAUCO

La industria de la celulosa opera hoy en un entorno crecientemente expuesto a factores globales que inciden directamente en su desempeño. Las tensiones en Medio Oriente y sus efectos en los mercados energéticos, logísticos y financieros son un ejemplo reciente de cómo eventos internacionales pueden impactar las cadenas productivas y comerciales.

Para una industria intensiva en capital, energía y logística, estos shocks se traducen en mayores costos operacionales, presión sobre las cadenas de suministro y ciclos de mercado más exigentes. El tensionamiento de rutas marítimas o el encarecimiento del transporte y la energía inciden en decisiones de producción, precios e inventarios. La volatilidad externa ya forma parte del contexto en que operan hoy las industrias exportadoras.

En el caso de la celulosa, además, se trata de un mercado global competitivo y sensible a cambios en la demanda industrial. Sectores como el tissue, el packaging o los textiles derivados de la fibra de madera influyen directamente en los ciclos de precios y en las decisiones de producción. Por eso, la competitividad de largo plazo depende menos de la coyuntura y más de la capacidad permanente de mejorar eficiencia, productividad y confiabilidad operacional.

La industria forestal chilena ha demostrado a lo largo de décadas una notable capacidad de adaptación frente a ciclos complejos, crisis financieras y cambios tecnológicos, consolidando un sector con presencia global y altos estándares técnicos.

Sin embargo, proyectar ese desarrollo hacia el futuro exige también cuidar la base que lo hace posible. En los últimos años, distintos factores han comenzado a presionar la base forestal del país: incendios intencionales, problemas de seguridad y violencia, expansión de plagas y un aumento sostenido de cargas regulatorias y tributarias. Si estas tendencias no se enfrentan con decisión, el impacto no será solo ambiental, sino también productivo, afectando la competitividad del sector y su capacidad de seguir creciendo.

Revertir esta tendencia exige acciones urgentes y medidas concretas que permitan reactivar el sector y fortalecer su base productiva. La base forestal es el punto de partida de toda la cadena: sin ella no hay crecimiento posible, ni desarrollo industrial, ni competitividad en los mercados internacionales.

En este contexto, más que reaccionar a cada contingencia internacional, el desafío es fortalecer aquellas capacidades que dependen de nosotros. La eficiencia y la productividad, junto con una base forestal robusta y condiciones adecuadas para la reactivación y el desarrollo del sector, deben seguir siendo una convicción permanente para la industria forestal y de la celulosa.