Enfoque en Gestión y Futuro
Mario Delannays
SEREMI Medio Ambiente
Región del BioBío
Con una sólida trayectoria en la institucionalidad pública y la investigación, el recién asumido SEREMI de Medio Ambiente de la Región del Biobío retoma el liderazgo de la cartera con una hoja de ruta clara: consolidar la normativa vigente y fortalecer la articulación público-privada para enfrentar los desafíos de la crisis climática en el corazón industrial de Chile.
La Región del Biobío no es solo un territorio de vasta riqueza natural; es el núcleo donde palpita la capacidad forestal e industrial del país. En este escenario, la llegada de Mario Delannays a la Secretaría Regional Ministerial de Medio Ambiente marca un hito de continuidad y experiencia técnica. Biólogo Marino de la Universidad Católica de la Santísima Concepción, su carrera ha estado intrínsecamente ligada a la gestión de los recursos naturales y la institucionalidad ambiental.
Tras un fructífero paso por la dirección zonal de Pesca y Acuicultura y una destacada labor como investigador en el Instituto de Investigación Pesquera (Inpesca), Delannays vuelve a liderar una oficina que ya conoce de cerca. Su retorno se produce en un momento crucial: la puesta en marcha de la Ley Marco de Cambio Climático, un instrumento que redefine las reglas del juego para el sector productivo regional. En esta entrevista exclusiva para Celulosa y Papel, la autoridad analiza los pilares de su gestión y el futuro de la industria en un mundo que demanda sostenibilidad inmediata.
El desafío de la sostenibilidad
La industria de la celulosa es, sin duda, el motor de la capacidad instalada en el Biobío. Sin embargo, el crecimiento de este gigante productivo debe ahora dialogar con una normativa más robusta. Ante la interrogante de cómo equilibrar el desarrollo económico con las nuevas exigencias ambientales, Delannays es categórico en su visión institucional.
“El desafío no es frenar el desarrollo, sino hacerlo sostenible”, afirma la autoridad, estableciendo de entrada que la protección del entorno no es un antagonista de la inversión. Para el SEREMI, el foco actual del Ministerio está puesto en la bajada territorial de la normativa: “Hoy el foco está en implementar la Ley Marco de Cambio Climático a nivel regional, particularmente a través de los Planes de Acción Regional. En el Biobío eso significa que cualquier expansión de la industria debe alinearse con metas de carbono, adaptación y resiliencia”.
Este enfoque implica que las empresas no solo deben cumplir con límites de emisión, sino que deben integrarse proactivamente en una estrategia regional que asegure la supervivencia de los ecosistemas ante fenómenos climáticos extremos. La industria de la celulosa, en este sentido, está llamada a ser un actor protagónico en la transición hacia una matriz productiva baja en carbono.
Seguridad hídrica: Una prioridad estratégica
Uno de los temas que más preocupa tanto a las comunidades como al sector forestal es la disponibilidad de agua. La convivencia entre las extensas plantaciones, el consumo humano y la preservación de cuencas requiere de una gestión técnica y política de alto nivel. Delannays apunta a la colaboración como la única vía de solución.
“Este tema lo estamos abordando principalmente a través de la Mesa de Recursos Hídricos de la región del Biobío”, explica. Esta instancia, que se constituyó formalmente en abril de 2025, se ha transformado en el principal foro de discusión para la seguridad hídrica regional. Bajo la coordinación de la Dirección General de Aguas del MOP, la mesa ha logrado sentar en una misma posición a actores públicos, privados y representantes de la sociedad civil.
“Esta instancia busca desarrollar un Plan Estratégico de Recursos Hídricos en Cuenca (PERHC) para garantizar el consumo humano y actividades productivas”, señala Delannays. El objetivo es claro: crear un modelo de gobernanza hídrica que permita la continuidad de la industria forestal e industrial sin comprometer la disponibilidad de agua para las futuras generaciones ni la salud de los ecosistemas locales.
Hacia una economía circular
El sector de la celulosa y el papel genera subproductos que, históricamente vistos como residuos, hoy representan una oportunidad dorada para la innovación. La transición desde una economía lineal hacia una circular es una de las metas más ambiciosas de la actual Seremi.
Para Delannays, el potencial de valorización en la región es enorme. “El Ministerio ha puesto un fuerte énfasis en economía circular y valorización de residuos”, sostiene. No obstante, advierte que el éxito de esta transición depende de la capacidad de trabajo conjunto. “En este punto es importante la articulación público-privada para fomentar proyectos de economía circular, principalmente con iniciativas que permitan cerrar ciclos productivos, reduciendo residuos y generando nuevos ciclos productivos en la región”.
La autoridad visualiza un Biobío donde las plantas de celulosa no solo produzcan fibra, sino que se conviertan en centros de biorrefinería donde cada residuo sea reintegrado a la cadena de valor, generando empleos verdes y disminuyendo la presión sobre los vertederos industriales.
Consolidación regulatoria y certezas para la inversión
Frente a la incertidumbre que a veces generan los cambios de mando en las carteras ambientales, Delannays envía un mensaje de estabilidad. Al ser consultado sobre nuevas regulaciones o iniciativas previstas por el ejecutivo para los próximos cuatro años, la autoridad opta por la eficiencia administrativa, “el escenario actual no es de grandes expansiones regulatorias, sino de consolidar e implementar lo existente”, concluye. Esta postura sugiere que el énfasis de su gestión estará en el acompañamiento técnico a las empresas para que cumplan con los estándares actuales, brindando así un marco de certezas que permita la inversión a largo plazo.
Para Mario Delannays, el Biobío tiene la oportunidad histórica de demostrar que una región industrial puede liderar la agenda climática nacional. Con una gestión basada en el diálogo técnico y la implementación rigurosa de la ley, el SEREMI busca asegurar que el "corazón forestal de Chile" siga latiendo con fuerza, pero siempre con un pulso verde y sostenible.