Entrevista destacada

Excelencia académica y proyección de la Ingeniería Química

Claudio Zaror

Ingeniero Civil Químico 


Reconocido este año como Profesor Emérito de la Universidad de Concepción, Claudio Zaror repasa su trayectoria académica, su mirada sobre la evolución de la ingeniería química y los desafíos éticos y formativos que enfrentan las nuevas generaciones de profesionales en un mundo marcado por transformaciones tecnológicas y sociales profundas.


Responsabilidad social en ingeniería

Desde su incorporación a la Universidad de Concepción en 1992, el Profesor Claudio Zaror orientó su quehacer académico hacia la consolidación de una formación profesional que incorporara de manera explícita las dimensiones ética, social y ambiental de la ingeniería. Considera que la inclusión sistemática de estos elementos en el perfil de egreso, en los programas de estudio y en las actividades académicas de pregrado y posgrado constituye uno de los aportes más relevantes de su carrera. A lo largo de más de tres décadas, ha impulsado iniciativas que fortalecen la comprensión de la ingeniería como una disciplina orientada al bienestar de las personas, integrando criterios de responsabilidad social y sustentabilidad en cada etapa del proceso formativo.

Su labor de investigación ha mantenido una estrecha relación con los desafíos del sector productivo, promoviendo soluciones tecnológicas asociadas a la producción limpia, la eficiencia de procesos y la disminución de impactos ambientales. Destaca que este trabajo ha sido posible gracias al entorno multidisciplinario de la UdeC, que ha permitido articular conocimientos, desarrollar capacidades y generar vínculos efectivos con la industria para responder de manera pertinente a las necesidades del país.

Desafíos presentes y futuros 

El Profesor Zaror señala que la ingeniería química se desarrolla actualmente en un escenario caracterizado por cambios acelerados propios de la cuarta revolución tecnológica. Estos procesos transforman tanto la estructura productiva como los marcos sociales, económicos y culturales que regulan su funcionamiento. Frente a ello, enfatiza la necesidad de fortalecer el pensamiento crítico, la capacidad analítica y la toma de decisiones fundamentadas en evidencias, experiencias y principios éticos sólidos, considerando que el acceso ilimitado a información exige discernimiento y responsabilidad.

Asimismo, sostiene que los desafíos contemporáneos requieren enfoques interdisciplinarios, habilidades de comunicación y una alta capacidad de trabajo colaborativo. Desde su perspectiva, la ingeniería química tendrá un rol decisivo en la transición hacia modelos productivos sustentables, impulsados por la química verde, el desarrollo de nuevos materiales, la bioeconomía y las energías renovables. Estos ámbitos, afirma, ya están configurando el quehacer profesional y demandan una formación que incorpore criterios de circularidad, eficiencia y reducción de impactos en todas las etapas del diseño, implementación y operación de procesos industriales.


Formación profesional de excelencia

En su reflexión sobre los elementos que definen un ejercicio profesional de excelencia, Zaror identifica cuatro pilares esenciales que, a su juicio, configuran la base sobre la cual debe sostenerse la ingeniería contemporánea: el dominio de competencias cognitivas y técnicas; la disponibilidad de recursos adecuados para ejecutar las tareas encomendadas; la estabilidad emocional necesaria para enfrentar entornos complejos; y, finalmente, una ética profesional robusta que oriente el actuar cotidiano. Estos pilares, explica, no son estáticos ni se agotan con la formación universitaria, sino que deben acompañar a las y los profesionales a lo largo de toda su trayectoria, alimentando un proceso permanente de toma de decisiones informadas, responsables y alineadas con las necesidades cambiantes de la sociedad.

En este marco, subraya que valores como la honestidad, la responsabilidad, el respeto, la prudencia y la empatía no pueden ser considerados atributos secundarios, sino principios intransables que deben permear cada dimensión de la práctica profesional. Añade que el aprendizaje no puede entenderse exclusivamente como la obtención de calificaciones o el cumplimiento de metas académicas, sino como un compromiso profundo con el desarrollo integral, el autocuidado y la coherencia entre lo que se piensa, se dice y se hace. Desde su perspectiva, la ingeniería exige una actitud reflexiva constante, en la cual cada decisión técnica, por más rutinaria que parezca, debe contemplar explícitamente sus implicancias ambientales, sociales y éticas, reconociendo que los problemas que enfrenta la disciplina son cada vez más multidimensionales y requieren miradas integrales y responsables.

Respecto al reconocimiento como Profesor Emérito por su alma mater, la Universidad de Concepción, Zaror manifiesta un profundo agradecimiento hacia la comunidad universitaria que lo ha acompañado durante más de tres décadas de labor académica. Señala que este honor trasciende una distinción institucional, ya que también constituye un testimonio del trabajo colaborativo desarrollado junto a generaciones de estudiantes, colegas y profesionales de diversas áreas con quienes compartió proyectos, desafíos y aprendizajes. Afirma que haber contribuido a la formación de ingenieras e ingenieros químicos comprometidos con la excelencia y el servicio público ha sido uno de los aspectos más valiosos de su carrera. Confía en que este legado continuará proyectándose en el tiempo a través de profesionales que ejerzan con sentido ético, responsabilidad social y una convicción genuina respecto al rol transformador que la ingeniería puede desempeñar en la construcción de un futuro más justo, sostenible y humano.