Columna opinión

De la planilla al copiloto inteligente, el inevitable cambio en la sala de control


Manuel Benavides 

Data Scientist

ARAUCO


En la industria de celulosa solemos hablar de digestores y calderas, evaporadores y máquinas papeleras, pero rara vez hablamos de lo más sensible del sistema: las decisiones humanas. La vertiginosa irrupción de la IA nos obliga a mirarnos al espejo y preguntarnos cómo estamos tomando decisiones hoy.

Muchos autores coinciden en que hasta el 80% de los incidentes operacionales tienen algún grado de error humano. No es, en muchos casos, carencia de conocimiento técnico, sino el no poder visualizar integralmente múltiples variables del proceso y sus interacciones, algo que en tiempo real simplemente excede la capacidad de percepción humana y converge en falta de información oportuna y contextualizada al momento de tomar decisiones. A esto se suman equipos descalibrados, errores de cálculo en balances, operaciones por sobre el diseño para aumentar producción y un sinfín de factores que acrecientan la problemática. La consecuencia es conocida: mayor variabilidad, pérdidas de eficiencia, operaciones sobreexigidas, más paradas, aumento de costos y estrés para las personas.

La IA no viene a reemplazar al operador ni al ingeniero de procesos, sino a convertirse en un «copiloto». Sin embargo, para que esta sea confiable, el primer paso no es instalar algoritmos milagrosos ni oráculos en los que carguemos datos que generen modelos de operación de nuestras plantas, sino asegurar la calidad del dato desde su origen: instrumentos bien mantenidos y calibrados, sistemas de control correctamente configurados, fuentes de datos integradas y sin lagunas ni valores inconsistentes.

Sólo cuando el dato es confiable, los modelos de IA pueden extraer valor real: detectar patrones que el ojo humano no ve, anticipar desviaciones, generar alertas tempranas y sugerir ajustes de control y optimización antes de que el problema aparezca y nos afecte, no sólo en la producción y los costos, sino también en la sustentabilidad integrada y en nuestra imagen empresarial. Entonces sí hablaremos de continuidad y optimización operacional desde la evidencia.

Resistirse a estas tecnologías es quedarse atrapado en el pasado y repetir la historia del telégrafo frente al correo postal, del correo postal frente al fax, del fax frente al correo electrónico y del mensaje de texto frente a la mensajería instantánea. Las herramientas cambian; la necesidad de comunicarnos y tomar buenas decisiones permanece. En unos años, seguir operando una planta compleja sin apoyo de sistemas inteligentes será tan extraño como hacer un informe de producción a mano.

El desafío para la industria no es “si” usaremos IA, sino “cómo” lo haremos: con ética, de forma sustentable y segura, y, por sobre todo, con participación de las personas y con una obsesión sana por la calidad del dato. Si logramos eso, la IA dejará de ser una moda para convertirse en un aliado cotidiano en las salas de control de nuestras plantas de celulosa.