El carbono como oportunidad para liderar transición electroquímica
Óscar Pinto
Ing. Civil Químico
Dr. en Ciencias de la Ingeniería c/m Ing. Química
Post Docrtorado UBB
Durante décadas, la región del Bío-Bío ha sido un eje estructural del desarrollo forestal y de la industria papelera en Chile. Su ecosistema productivo basado en el cultivo, transformación y aprovechamiento de la biomasa lignocelulósica, ha sostenido no solo economías locales, sino también representa una parte significativa de la identidad industrial del país.
Sin embargo, en el contexto actual de transición energética y transformación tecnológica, este sector enfrenta una encrucijada: permanecer como proveedor tradicional de celulosa, papel y madera, o proyectarse hacia mercados emergentes mediante el desarrollo de nuevos productos.
Uno de los mercados emergentes es la electroquímica, disciplina que ha cobrado un rol protagónico en la descarbonización de los procesos industriales, el almacenamiento energético, y la conversión electroquímica de moléculas como el agua o el dióxido de carbono como vectores energéticos o para la generación de e-fuel. En este escenario, los materiales carbonosos derivados de biomasa, aparecen como un vector transformador con enorme potencial. Los compuestos polifenólicos como los taninos presentes en la corteza de pino o la lignina, han sido históricamente tratados como un subproducto con escaso valor, el cual hoy puede ser revalorizado en forma de carbones porosos, capaces de funcionar como electrodos en baterías, capacitores electroquímicos, celdas de combustibles o electrolizadores.
La región del Bío-Bío cuenta con un ecosistema industrial y científico plenamente integrado a través de infraestructura productiva consolidada, alta disponibilidad de biomasa, y sobre todo, robustas capacidades de investigación y capital humano avanzado, teniendo una gran posibilidad para liderar esta transición. Lo que alguna vez fue una economía basada en el volumen, puede ahora transitar hacia un modelo basado en el valor funcional de los materiales, impulsando la industria forestal, para que integre química, materiales y energía. No se trata de reemplazar la industria de la celulosa o la madera, sino de ir más allá, e integrar a la industria forestal mediante el desarrollo de materiales carbonosos en un componente estratégico de la nueva matriz energética nacional.
En un país que ha definido ambiciosas metas de descarbonización y que avanza hacia una matriz basada en energías renovables, los materiales de carbono ofrecen una oportunidad única para conectar la herencia forestal con los desafíos energéticos del siglo XXI. La pregunta ya no es si será posible, sino si el sector forestal tradicional está dispuesto a tomar este rol transformador.